martes, 22 de mayo de 2018

Sabor de infancia


El Espíritu sopla, pero nosotros arriamos las velas.

Sin embargo, tantas veces hemos visto obrar maravillas.

A menudo, precisamente en los períodos más oscuros, el Espíritu ha suscitado la santidad más luminosa.

Él es el alma de la Iglesia, siempre la reanima de esperanza, la colma de alegría, la fecunda de novedad, le da brotes de vida.

Como cuando, en una familia, nace un niño: trastorna los horarios, hace perder el sueño, pero lleva una alegría que renueva la vida, la impulsa hacia adelante, dilatándola en el amor.

De este modo, el Espíritu trae un "sabor de infancia" a la Iglesia.

Obra un continuo renacer. Reaviva el amor de los comienzos.

El Espíritu recuerda a la Iglesia que, a pesar de sus siglos de historia, es siempre una veinteañera, la esposa joven de la que el Señor está apasionadamente enamorado.

No nos cansemos por tanto de invitar al Espíritu a nuestros ambientes, de invocarlo antes de nuestras actividades: "Ven, Espíritu Santo".

(Papa Francisco. De la homilía de Pentecostés)

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En Nicaragua, como en otros lugares, cuando uno tiene grandes deseos de contar cosas a los familiares, amigos colegas...y no hay tiempo, trata de resumir anteponiendo ese "para no hacerte largo el cuento". Pero ni así...