viernes, 11 de mayo de 2018

Admiración


En el curso de formación permanente al que asisto, el tema central está siendo en torno al Sínodo a celebrar en Roma el próximo septiembre, que estará dedicado a "Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional"

Llamó mi atención uno de los ponentes que se refirió a la importancia de la admiración en la vida cristiana por el descubrimiento y la profundización en el Amor de Dios, que viene a nuestro encuentro.

Se trata de una actitud que nos abre al modo más auténtico de relación con Dios: la alabanza, el agradecimiento. El más auténtico, al menos, en cuanto nace de nuestra verdad más honda: la realidad de que somos -y nos sabemos- criaturas amadas por Dios.

Saborear las alegrías verdaderas pasa, en primer lugar, por redescubrir la belleza de la familia, la amistad, la solidaridad con quien sufre, la renuncia al propio yo para servir al otro. Se trata de gustar la alegría del servicio, de una existencia vivida para los demás, de modo que no aparezca como una obligación, algo que hay que hacer (para ser bueno, para vivir como cristiano, para ir al Cielo, etc.), sino justamente como un camino de plenitud.

Apuntaba Benedicto XVI que conviene fomentar el amor por el conocimiento, por el arte, por las bellezas de la naturaleza. Para eso, resulta muy enriquecedor introducir a los jóvenes (y menos jóvenes) en las grandes obras de la literatura, el cine o el arte: en ellas aprende el hombre a conocer lo humano, a conocerse a sí mismo y a gozarse en lo bueno.

El gusto por el arte (acudiendo a una exposición, visitando monumentos o ciudades, asistiendo a una audición de música o a una proyección cinematográfica) desarrolla la capacidad de mirar, de ver en profundidad, de comprender la realidad en toda su riqueza expresiva. Todos ellos son elementos que pueden ser de ayuda para la contemplación a la que estamos llamados todos los cristianos, y a la que quisiéramos introducir a cuantos se acercan a nosotros.

Lo que se ha dicho sobre la belleza del arte vale igualmente para la belleza natural. Acercar a la gente a esos ámbitos suele permitirles una visión más calmada, más serena y más rica del mundo en el que viven. Permite comprender mejor los ritmos de la vida y el valor de la espera (que las cosas no suceden cuando yo quiero, sino cuando llega su momento), así como la importancia del silencio y de la atención. Todo esto, lógicamente, les ayudará en su vida de oración.

(( Mañana termina el curso y regreso a Nicaragua con muchos deseos de estar allí para difundir esperanza. ))


No hay comentarios:

En Nicaragua, como en otros lugares, cuando uno tiene grandes deseos de contar cosas a los familiares, amigos colegas...y no hay tiempo, trata de resumir anteponiendo ese "para no hacerte largo el cuento". Pero ni así...