viernes, 26 de diciembre de 2014

El buey le dijo a la mula


El Nacimiento de la Plaza de San Pedro en el Vaticano me lleva a recordar aquel villancico:

"El buey le dijo a la mula:
apártate compañera;
que yo quiero ver al Niño
y me estorban tus orejas.

En el Portal de Belén,
de la mula el buey se queja
al bueno de San José
se le acaba la paciencia.

Si tú no te callas, buey,
si tú, mula, no estás quieta,
os echaré del Portal
para que mi Niño duerma.

A la Virgen, San José
le ha regalado una estrella;
se la da al Niño Jesús
para que juegue con ella.

El buey le dijo a la mula..."

Y ahora un comentario de un buen periodista sobre los animales del Establo de Belén:

"Hay un versículo en Isaías que viene como de molde para explicar la presencia de estos dos humildes animales en el pesebre de Belén: 'Conoce el buey a su dueño y el asno el pesebre de su amo, pero Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento'
Buey y asno (o buey y mula) representarían así ese conocimiento intuitivo de las cosas naturales que sólo los animales tienen, esa suerte de sexto sentido que les hace recogerse ante la inminencia de una tormenta, mientras los hombres los pilla el chaparrón desprevenidos.
Y eso simbolizan esas dos figuras que seguimos colocando en nuestros belenes: lo que había ocurrido en aquel pesebre, a las afueras de Belén, había pasado inadvertido al común de los hombres; pero los animales lo presagiaban en el aire: sabían intuitivamente que el universo acababa de ser restaurado, sabían que la creación entera había sido renovada. Habían reconocido en ese Niño a su Señor"

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En Nicaragua, como en otros lugares, cuando uno tiene grandes deseos de contar cosas a los familiares, amigos colegas...y no hay tiempo, trata de resumir anteponiendo ese "para no hacerte largo el cuento". Pero ni así...