miércoles, 25 de octubre de 2017

Contemplación


Me ha contado Alejandro una anécdota de una niña de primaria que tenía un comportamiento hiperactivo durante toda la jornada escolar; solo había una hora en la que se encontraba a sí misma y se calmaba: la hora de dibujo. En este único momento de armonía entre ella y el mundo que la rodeaba se zambullía en el papel con total naturalidad y su cuerpo se acomodaba y se hacía uno con la creación artística.

Un día, la maestra les instó a que entregaran ya los dibujos porque la clase estaba a punto de finalizar; la niña sin embargo, siguió dibujando, inclinada sobre el papel, como quien está inmerso en un tiempo y un espacio distintos a los del resto de los humanos. La maestra, molesta por aquella insubordinación, se acercó para ver qué estaba maquinando su pequeña alumna.

-Estoy haciendo un retrato de Dios -explicó la niña, sin levantar la mirada de la hoja.

La maestra sonrió y le contestó con ironía:

-Nadie sabe cómo es Dios, nadie lo ha visto.

La niña permaneció en silencio durante unos segundos; luego, sin dejar de dibujar, dijo:

-Si se espera unos minutos, lo verá.

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En Nicaragua, como en otros lugares, cuando uno tiene grandes deseos de contar cosas a los familiares, amigos colegas...y no hay tiempo, trata de resumir anteponiendo ese "para no hacerte largo el cuento". Pero ni así...