sábado, 29 de agosto de 2015

Filiación divina


Después de varios días de ausencia del blog por encontrarme en Jinotega (ya contaré) retomo los cuentos con este bonito relato:

Una niña abordó un avión para viajar a Nueva York, llamando la atención de todos.
Subió al avión con boleto en mano, buscando su asiento y se sentó al lado mío.
Se veía una niña segura e inteligente.
Me miró, sonrió, sacó un libro y comenzó a dibujar, pintar colorear.
A pesar de su corta edad, como mucho unos 8 años, no presentaba rasgos de ansiedad ni nerviosismo al despegar el avión.
El vuelo no fue muy bueno. Hubo tormenta y mucha turbulencia.
De pronto una sacudida fuerte. Y todos estaban muy nerviosos, pero la niña mantuvo su calma y serenidad en todo momento. ¿Cómo lo hacía? ¿Por qué su calma?
Hasta que una mujer frenética le preguntó: ¡Niña, ¿no tienes miedo?!
No señora, contestó la niña. Y mirando su libro de pintar, le dice:
Mi padre es el piloto.

Nos puede servir para considerar nuestra filiación divina en tantos momentos del viaje de la vida.

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En Nicaragua, como en otros lugares, cuando uno tiene grandes deseos de contar cosas a los familiares, amigos colegas...y no hay tiempo, trata de resumir anteponiendo ese "para no hacerte largo el cuento". Pero ni así...