miércoles, 17 de junio de 2015

Tomar las riendas


Para que la vida no se nos lleve por delante con sus infinitos requerimientos, nos servirá tomar la iniciativa para distribuir nuestra actividad en los tiempos adecuados, es decir, planificar -sin cuadricularnos- dando prioridad a lo que debe estar en primer lugar y no a lo que surge en cada momento. Así evitamos que lo urgente se coma lo importante.


En nuestro día hay algunos momentos clave que podemos fijar de antemano: la hora de acostarnos, la hora de levantarnos, los tiempos que vamos a dedicar exclusivamente a Dios, la hora de trabajar, la hora de las comidas...
Después está todo el campo de hacer bien lo que debemos hacer, con rendimiento, atención y perfección, es decir, con amor. Cumple el pequeño deber de cada momento: haz lo que debes y está en lo que haces (Camino 815) Se trata, a fin de cuentas, de un programa de santidad que no encorseta, porque se ordena a un fin grande: hacer feliz a Dios y a los demás.
A la vez, ese mismo amor que nos mueve a regirnos por un horario nos indicará cuándo el plan tiene que "saltar", porque lo exige el bien de otras personas, o por tantos otros motivos que se presentan con claridad a quien vive cara a Dios.

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En Nicaragua, como en otros lugares, cuando uno tiene grandes deseos de contar cosas a los familiares, amigos colegas...y no hay tiempo, trata de resumir anteponiendo ese "para no hacerte largo el cuento". Pero ni así...