
"Yo no busco recibir gloria de los hombres...Yo he venido en nombre de mi Padre..." (Juan 5, 41-42)
Considera Teresa de Ávila que "todo es nada, y menos que nada, lo que se acaba y no contenta a Dios"
No hemos de perder nunca de vista que la gloria de Dios es su contento, nuestra felicidad. En cada una de nuestras acciones, también a la hora de la distracción y del descanso, hemos de levantar la mirada buscando la complacencia amorosa de nuestro Padre Dios.
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