El punto álgido llegó con la sugerencia de evitar el exceso de "premios y castigos" porque neutraliza el ejercicio de la voluntad, ya que ésta debe moverse por "lo bueno en cuanto tal" y no tanto por el "bien para mí".
Salieron ideas como la de que aportando las razones oportunas y adecuadas a su edad, en los hogares debería hacerse comprender a los niños, desde muy pequeños, que el "todos lo hacen" no goza de ningún peso en esa casa: "Si es bueno -se les podría explicar- tienes todas mis bendiciones para llevarlo a cabo, aún cuando ningún compañero estuviera dispuesto a realizarlo"; "por el contrario -cabría añadir-, si se trata de algo malo, aunque todos los habitantes de la tierra (incluidos mamá y yo) lo hiciéramos a diario, tú no deberías en modo alguno ponerlo por obra"
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