miércoles, 30 de septiembre de 2015
Moda y elegancia
Meditando el sábado pasado sobre la moda, la elegancia, el vestir... recordé algunas citas que vienen recogidas en "Relatos en torno a Encarnita Ortega":
Dice Richard Harries en su libro El arte y la belleza de Dios que cuando el amor a la belleza y el amor a Dios se combinan, el resultado puede ser de verdad intenso.
Y san Juan Pablo II en la Carta que dirigió a los artistas afirma que la belleza es clave del misterio y llamada a lo trascendente. Está impresa la huella de Dios en los valores estéticos verdaderos.
Enrique Loewe defiende que la elegancia es algo que sale de dentro afuera. En este sentido, las personas que tienen un poquito de carisma, que tienen un concepto de misión, que tienen una idea clara de lo que es su vida y de a qué se dedican, tienen ya por añadidura una cuota de elegancia que es evidente.
lunes, 28 de septiembre de 2015
Cosas bonitas
Y ya el otro remedio para combatir la tristeza es la contemplación de la verdad, del fulgor veritatis del que habla san Agustín.
Contemplar el esplendor de las cosas de la naturaleza: una obra de arte, escuchar música, sorprenderse por la belleza de un paisaje puede ser eficacísimo bálsamo contra la tristeza.
Miren el comentario que hizo un crítico literario que, pocos días después de haber vivido un grave luto, fue invitado a dar una conferencia sobre el tema de la aventura en Tolkien: "Hablar de cosas bonitas a personas interesadas fue un verdadero alivio"
Y añado, por si sirve, lo que leí hace poco:
- Para el insomnio: Nocturnos de Chopin
- Para la depresión: Música acuática de Haendel
- Para la ansiedad: La sinfonía Linz, k425 de Mozart
- Para el dolor de cabeza: Sueño de amor de Franz Listz
- Para aumentar tu energía: La obertura de Guillermo Tell de Rossini
Entre amigos
Nos quedan dos remedios más contra la tristeza, siempre según el gran teólogo Santo Tomás de Aquino.
Uno de ellos es la compasión de los amigos.
En una célebre novela italiana, uno de los protagonistas admite que hay cosas que quitan la alegría de por vida, pero que, hablando entre amigos, se alivian.
Probar para creer: cuando uno se siente un poco triste y se tiende a ver todo gris, es muy eficaz hacer un gesto de apertura hacia algún amigo o conocido. A veces basta un mensaje, una breve llamada telefónica, incluso sólo para contar o escuchar a un amigo... Y el panorama se aclara.
(La foto es del antiguo club juvenil Jara, en Madrid, pionero junto al club Gurkas de Guatemala, en centros donde nacen verdaderas amistades, las que perduran. Porque amistad que se pierde, nunca fue amistad)
domingo, 27 de septiembre de 2015
Llorar
El segundo remedio propuesto por Santo Tomás de Aquino contra la tristeza es el llanto,
A menudo un momento de melancolía es más duro si uno no consigue desahogarse, y es como si la amargura se acumulase hasta hacer difícil hacer cualquier cosa.
El llanto es un lenguaje, un modo de expresar y de deshacer el nudo de un dolor que a veces resulta sofocante.
También Jesús lloró. Y el Papa Francisco observa que ciertas realidades de la vida se ven sólo con los ojos limpios por las lágrimas. Invito a cada uno de vosotros -decía- a preguntarse: ¿yo, he aprendido a llorar?
Cervecita
Cada uno tiene experiencia de días tristes, en los que no se consigue superar una cierta pesadez interior que contamina todo estado de ánimo y entrelaza las relaciones.
¿Existe algún truco para superar el malhumor y recuperar la sonrisa?
Santo Tomás de Aquino, como apuntábamos, propone cinco remedios de sorprendente eficacia contra la tristeza.
El primer remedio es un pequeño placer cualquiera. Es como si el teólogo de hace siete siglos hubiera ya intuido la idea hoy difundida de que el chocolate es antidepresivo.
Puede parecer una visión materialista, pero es evidente que una jornada llena de amarguras recupera muchos puntos con una cervecita. (Sólo una, entiéndanme...y acompañada)
Que este sea un materialismo incompatible con el Evangelio, hay que demostrarlo: Sabemos que el Señor participó con placer en comidas y banquetes, antes y después de la resurrección, y apreció muchas cosas buenas de la vida.
También un Salmo afirma que el vino alegra el corazón del hombre. (Aunque conviene precisar que la Biblia condena ciertamente la embriaguez)
Un baño y dormir, una cervecita, unos chocolates... ¿qué más queda?... Continuará.
sábado, 26 de septiembre de 2015
Médicos
Hoy, con motivo de celebrar a san Cosme y san Damián, me he acordado de mis estudios de medicina.
Estos santos, según la tradición, ejercieron la medicina en los primeros tiempos del cristianismo. Sufrieron martirio en Alepo (Siria)
Y coincide que he leído un artículo interesantísimo sobre los cinco remedios que el gran teólogo Santo Tomás de Aquino dictaba contra la tristeza y bajadas de ánimo.
El quinto remedio propuesto es el que quizás menos cabría esperar de un maestro medieval. El teólogo afirma de hecho que un remedio inmejorable contra la tristeza es dormir y darse un baño.
La eficacia del consejo es evidente.
Es profundamente cristiano entender que, para remediar un mal espiritual, es útil un alivio corporal.
Desde el momento en que Dios se hizo Hombre, y asumió un cuerpo, se ha superado la separación entre materia y espíritu.
Un prejuicio difundido, en cambio, es que la visión cristiana del hombre se basa en la oposición entre cuerpo y alma, donde el primero se vería como una carga o un obstáculo para la vida espiritual.
En realidad el humanismo cristiano considera que la persona (alma y cuerpo) es enteramente espiritualizada cuando busca la unión con Dios.
Por decirlo con san Pablo, existe un cuerpo animal y un cuerpo espiritual. Y nos moriremos, pero todos seremos transformados, porque es necesario que este cuerpo corruptible se revista de incorruptibilidad y que este cuerpo mortal se revista de inmortalidad.
Otro santo, Tomás Moro, parece parafrasear a su tocayo medieval cuando afirma que igual que aconsejaría a todos que en cualquier enfermedad del cuerpo, se confiese y busque un buen médico espiritual para la salud de su alma, así exhorto a pedir, en ciertas enfermedades del alma, además del médico espiritual, el consejo del médico del cuerpo.
(La foto antigua es del Hospital donde hacíamos las prácticas los estudiantes, allá por los años 70, recién comenzada la Facultad de Medicina -unas aulas situadas a la espalda del Hospital- de la Universidad de Murcia. Yo me gradué con la tercera promoción)
Ah! los otros cuatro remedios son buenísimos. Da para otro cuento. Vendrá...
viernes, 25 de septiembre de 2015
Cuento de búfalos
Dos cazadores alquilaron un avión para ir a la región de los bosques a cazar búfalos.
Puntualmente el avión regresó dos semanas después para llevarlos de vuelta.
El piloto, al ver dos enormes animales que habían cazado, les explicó que su avión no podía sino con la carga de uno de los búfalos y los pasajeros:
- Tendrán que dejar el otro aquí.
Los cazadores protestaron:
- Pero si el año pasado el piloto nos permitió llevar los dos búfalos en un avión exactamente igual a éste.
El piloto entonces cedió:
- Está bien, si el año pasado los llevaron, supongo que ahora también podremos.
Así el avión inició el despegue cargando los tres hombres y los dos búfalos.
Pero no pudo ganar la suficiente altura y se estrelló en una colina cercana.
Los cazadores y el piloto salieron a rastras de la avioneta y miraron en torno suyo:
- ¿Dónde estaremos? preguntó uno de ellos.
- Me parece, dijo el otro, que estamos unas dos millas a la izquierda de donde nos estrellamos el año pasado.
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En Nicaragua, como en otros lugares, cuando uno tiene grandes deseos de contar cosas a los familiares, amigos colegas...y no hay tiempo, trata de resumir anteponiendo ese "para no hacerte largo el cuento". Pero ni así...

