
Esta mañana, desde la banca del oratorio, durante la meditación, sólo alcanzaba a ver de la cuna, que es alta, la manita de Jesús.
Me sirvió.
Y recordé lo oído el domingo desde la logia de la basílica de San Pedro en el Vaticano:
"El hombre necesita poner su mano en otra más grande y fuerte, una mano tendida hacia él desde lo alto... Cristo. Él es la mano que Dios ha tendido a la humanidad"
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