
De la beatificación de Juan Pablo II me ha llamado la atención varias cosas.
El punto de mayor emoción, sin duda, fue al desvelarse el retrato del nuevo beato en el balcón principal de la fachada de la Basílica de San Pedro. Muy buena elección ese retrato, lleno de color y con una expresión y mirada de Juan Pablo II que te llegaba.
La alegría y el tono de voz de Benedicto XVI al comenzar la homilía y manifestar el deseo de que el proceso se hubiera llevado a cabo con razonable rapidez. De hecho, cuando saludó al postulador parecía como que se intercambiaban el gozo de haberlo conseguido así.
La obediencia total de la multitud de fieles a las indicaciones que se daban desde la megafonía pidiendo silencio orante en algunos momentos.
Y el saludo del Papa al final para todos los que habíamos seguido la ceremonia por tv. Hay que decir que en Nicaragua nos levantamos a las 2 de la madrugada para poder verlo en directo.
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