
Correspondía ahora la purificación de la madre, según prescribe el Levítico. Para facilitar las cosas, José tomó al niño en sus brazos, con la soltura del que ya lo hace con fracuencia, y dejó a María cerca de la llamada puerta de Nicanor. Como una más entre el conjunto de las madres, asistió con la mayor atención al rito que ofició el celebrante mientras se cantaba el himno".
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